-Sencillos de espíritu; esto es, que no se jacten de la fe en el Señor solo para presumir o conseguir la aprobación de otros, sino por voluntad propia. No se preocupan por el qué dirán.
-Los pacientes, porque ellos siguen creyendo en Dios a pesar de los obstáculos que se presenten. Aguardan los planes que el Señor tiene para ellos.
-Los que lloran, ya que siempre encontrarán un paño para limpiar lágrimas en el Padre. Él los consolará.
- Los que tienen hambre y sed de justicia; es decir, los que quieren cambiar el mundo para que se convierta en un lugar para nada peligroso, pero con una justicia y armonía plausibles.
-Los que tienen misericordia para perdonar y otorgar segundas oportunidades a terceros. Ellos recibirán también el perdón y misericordia de Jesús.-Los limpios de corazón, porque a Dios le gusta la pureza del alma en los creyentes.
-Los que trabajan por la paz; Jesucristo quiere que su pueblo esté bendecido por paz y amor.
-Los perseguidos, insultados y humillados por la causa del Señor, ya que Dios hará descansar todas las cargas que tengan en la vida eterna.

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